Para empezar ¿qué es el consumo local? “…Podría entenderse como una nueva corriente socioeconómica que ha modificado por completo el comportamiento de los consumidores y del comercio, así como nuestra relación con el entorno natural del que vivimos. Se trata de un modelo de consumo responsable o consciente, contrario al consumismo, centrado en la satisfacción de aquello que es estrictamente necesario a fin de mejorar el bienestar de las generaciones presentes y futuras. Un modelo, por tanto, sostenible y en el que sí importan los posibles impactos ambientales y sociales derivados de la cadena de producción, transporte, distribución y consumo.” (https://www.ecologiaverde.com/consumo-local-que-es-y-su-importancia-3452.html)

Vivimos en una era en donde hay cada día mayor oferta y demanda, el mundo se siente cada vez más conectado con otras culturales y espacios, estamos en un momento de crecimiento y expansión… Y al mismo tiempo es inevitable darnos cuenta que estamos viviendo una era de grandes cambios en la naturaleza, en donde debemos ser más responsables en la manera que consumimos y ofrecemos ciertos servicios.

La demanda por el servicio de hospedaje cada día incrementa más y más, plataformas digitales de renta permiten que estos servicios se extiendan a lugares en todas partes del mundo ; tenemos la oportunidad de compartir nuestros espacios, así cómo descubrir y habitar nuevos lugares. Sin embargo es nuestra responsabilidad hacerlo de una manera consiente y no seguir alimentando dinámicas y sistemas que son insostenibles y alimentan la idea y el modo del saqueo… Como dicen por ahí, tierra solo hay una, es nuestro hogar y debemos cuidarla y respetarla; y si queremos descubrir y compartir todos los maravillosos lugares que alberga, tenemos que esmerarnos en este cuidado y respeto.

El apoyo al consumo local, por una parte como anfitriones nos permite extender y tejer redes de apoyo firmes y fuertes con la comunidad que nos rodea, para ofrecer una mejor calidad en nuestros servicios, por ejemplo el consumo alimenticio local y consumo cultural local. Nada como algo que fue sembrado y cosechado cerca de nuestras casas, que tiene un sabor fresco y mucho más rico. Ese sabor, esa comunidad, esa vivencia, podemos y habremos de compartirles a quienes visitan nuestros espacios.

Como turistas estamos acostumbrados a llegar a lugares nuevos y que ya este montada una dinámica que es especial para turistas, productos y vivencias que se venden como “únicos” pero que en realidad están basadas en ese sistema de consumo que permite que se reproduzcan a nivel global y se alimenten de tendencias, lo cual en realidad no lo hace único sino responde a una producción en cadena y a una lógica poco ética. Cuando tenemos la oportunidad de realmente tocar los tejidos locales, y de formar, aunque sea de manera efímera y superficial, parte de ellos, nuestros vivencias se vuelven mucho más ricas; porque como mencionaba anteriormente, la calidad de los productos y de las experiencias es mucho más basta; y no por sencilla o menos “adornada”, deja de ser profunda e incluso más sabrosa, pues se siente más real.

Conocer a un lugar por las redes que lo conforman y la gente que sostiene y habita ese espacio, nos permite comprender de manera más íntima y real esos lugares y nos da una sensación más verdadera y rica de lo que quizá, realmente son las experiencias “únicas”… y de igual forma, habitar esos lugares o bien tener una propiedad en ellos, involucrarnos con estos y apoyar a generar cada vez más redes de consumo local y justo, no solo nos permite alimentar y fortalecer estas redes, sino que nos incentiva a ofrecer mejores y más responsables experiencias y nos permite cuidar no solo de nuestro espacio y comunidad, sino de nuestro mundo; y esto a su vez, genera un impacto y una nueva red en quienes nos visitan y pasan la voz de lo importante de estas prácticas.

Escrito por Eva Luna
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